Rompiendo el primer silencio.
Hoy escribo desde el recuerdo, la memoria de las otras, el enojo y el dolor.
Tenía 8 o 9 años, en realidad no lo sé, pero en esos años empezó una de las peores pesadillas de mi vida. Nos miré a los ojos quizás por primera vez, nos ví sufriendo cuando me miré al espejo. Todo se borró y parecía que nunca había pasado nada, sin embargo dolía y cambiaba mi forma de ser y ver la vida.
Ya no existía mi inocencia, ya había sido arrebatada por mi padre, o como yo prefiero llamarlo, basura. No me quedó infancia por vivir, no me quedó alegría, ni sueños, ni nada que pudiera darme paz y tranquilidad. Todo era oscuro, las paredes gritaban y habían golpes por todos lados. Nos ví sufrir otra vez, esta vez, sin verme al espejo. Lo ví en las otras, lo ví en ellos, los maltratadores, nos vieron a nosotras, sufriendo en silencio.
El silencio, el más puro silencio, pero hacía tanto ruido, especialmente cuando escuchabas los gritos y veías los golpes y el dolor puro. Me ví sin dormir noches enteras por el miedo de que él entrara, me ví pensando lo que él me decía "vos no servis para nada, vos vas a ser una puta", viviendo en la idea de que eso era lo certero, de que ese era mi futuro. Y me ví sin ser yo, siendo otra, sin verme como una persona que merece amor y una infancia digna, y no había vivido ni una decena de mi vida.
Lo ví a el pasando por encima de mí, dañándome y sacándome todo rastro de vida que yo pudiera vivir. Lo ví a él tocándome, mientras vivía mi primer ataque de ansiedad, donde empezaron mis trastornos. Lo ví a él robándome la vida, quitándomelo todo, dejándome destruida, vacía, sola. En silencio. Ví mis cambios de humor, mi enojo persistente, el miedo y el temblor extremo que no me dejaba tranquila nunca.
Me ví cambiando, me ví dejando de ser yo. Y me perdí, y mientras él vivía su vida tranquila, aún en mi casa. Y viví teniendo miedo todos los días, y lloré en silencio para que nadie me escuchara, sentí vergüenza por algo que no había sido mi culpa. Ese "algo" que casi me cuesta la vida entera. Me ví temblando de la ansiedad en mi cama, mientras él se acostaba al lado. Y ahí, empezaron las primeras disociaciones, ya no estaba ahí, me había ido, porque ese dolor no lo podía soportar.
En fin, lo ví a él destruirme la vida, dejándola en pedazos, llenándose de puro odio, sin arrepentirse, sintiéndose Dios, siempre pensando ser alguien superior, porque él es hombre, él es bien macho, y nosotras somos las hembras, las que estamos para ser violadas. Todo lo que se refiera a él es nefasto, vomitivo, horroroso. Pero ahora todo lo que se refiere a mí es otra historia. Ahora tengo paz, pero también mucha bronca, mucho dolor que no va a irse de mi vida.
Pienso en las niñas que vivieron y viven esto día a día; justo una noticia local me llevó a escribir esto. Ahora pienso, en ese momento en el que dejamos que el miedo se disipe un poco y sacamos lo que nos duele tanto, pidiendo ayuda. Rompiendo el silencio, el primer silencio.
Las niñas viven esto día a día y así ha sido siempre, no importa el año, no importa el lugar, no importa la clase social, hemos sido todas. Las niñas merecen respeto, amor y una infancia digna, feliz, pura. Una infancia.
El mundo es crudo desde el momento en el que nacemos mujeres. Creo que en ese momento nuestro dolor está marcado, los hombres ya están destruyéndolo todo.
Diría "que suerte" que estamos las mujeres, pero no es nada de suerte, es la carne viva que mantiene la tierra de todas las mujeres, somos la sangre viva de todas nuestras ancestras, somos la resistencia de nuestras antepasadas, de nosotras acá presentes, de las futuras mujeres. Sinceramente deseo mucho que algún día esto sea solo pasado para todas.
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